Claudio Espector: fundador de las orquestas infantiles y juveniles en Argentina.
Por Lorenzo Nieto de Vedia, 5° Comunicación, Taller de Periodismo.
Claudio Espector es un músico y pedagogo argentino que armó el programa de las orquestas infantiles y juveniles en el país hace 25 años con el objetivo de darles oportunidades a chicos de familias carenciadas. Se formó como pianista en el Conservatorio Tchaikovsky, en Moscú, y se presenta a sí mismo como músico, docente y pianista.
–¿Cuándo empezaste a tocar el piano?

-El piano lo empecé bastante chico, tipo 8 años. Y surgió porque mi madre tenía una tía pianista y siempre tuvo la intención de que mi hermano y yo estudiemos piano. La llamó y primero empezó a enseñarle a mi hermano y bueno, yo ahí demostré interés tocando arriba de una estufa, moviendo los dedos y entonces ahí empecé a estudiar yo.
–¿Cómo surge el viaje a la Unión Soviética?
-Surge porque cuando había terminado el conservatorio pensaba en poder irme a tener una experiencia en el exterior. Vino un pianista ruso a dar un curso en Buenos Aires, en el cual participé. Él me escuchó y le dije que tenía intención y ganas de ir a estudiar a Rusia y armó todo para que me dieran una beca para estudiar allá. Dos meses después, sin saber nada, recibo una llamada para decirme que me estaban esperando en Rusia.
–¿Cómo fue esa experiencia?
-Fueron muchas experiencias. Fue muy particular porque era el año 1979, y en esa época estaba la cuestión de que el mundo se dividía en dos bloques. Uno de ellos, el mundo socialista donde Rusia era quien predominaba. Al mismo tiempo, acá estaba la cuestión de la dictadura militar, o sea que desde ese lugar era una cosa medio complicada. Después estaba la cuestión del clima, otro de los fantasmas que aparecían porque los inviernos rusos son muy crudos.
Ya viviendo ahí, estaba la cuestión del idioma. El primer año tomé clases de ruso bastante seguidas. Después estaba el tema de estudiar en el Conservatorio de Moscú, una de las instituciones más prestigiosas en cuanto a la enseñanza de la música. Fue una experiencia formidable en muchos aspectos: por haber conocido maestros maravillosos y haber escuchado distintas personalidades en el campo que me gustaba y todo una práctica de vida ya que somos ciertamente distintos de los rusos culturalmente.
–¿Alguna vez pensaste en quedarte a vivir en Europa?
-No. Yo viví ocho años en Moscú y la verdad que siempre pensé en volver y fantaseaba con qué hacer para difundir la educación musical y encontrar maneras de enseñanza de mi instrumento que es el piano. Es decir, siempre tuve una visión de querer hacer cosas acá y poder modificar ciertas cosas que yo criticaba fuertemente de la educación musical en la Argentina.
–¿Cuándo y cómo surge el programa de las orquestas acá en Argentina?
-Empezamos a hablarlo en el año 1996 cuando me convocaron del Ministerio de Educación de la ciudad y comenzamos a pensar en alguna posibilidad de difundir la enseñanza musical en los barrios más carenciados de Buenos Aires, donde había más complicaciones educativas como los chicos que repetían o que dejaban el colegio. Entonces pensamos que la música podía colaborar para dar una mejor educación. Desde ahí empezamos a pensarlo con este formato de las orquestas y que además ya había otras experiencias en América Latina. Todas esas conversaciones y planificaciones dieron a luz en octubre de 1998 que se hizo la primera orquesta en una escuela primaria de Villa Lugano.
–¿Cómo hiciste para conseguir tantos maestros que se adhieran al proyecto?
– Una de las cosas que me parecía importante es que no sean maestros solamente, sino que también sean músicos que ejercían como tales porque a mí me parecía importante que los chicos en las escuelas tengan maestros que no solamente les digan cómo tocar sino que también los vean a ellos tocando. Yo tenía colegas con los que tocaba habitualmente y empezamos siendo un pequeño grupo de seis docentes en la primera experiencia, pero esto después se fue agrandando en los distintos barrios de la ciudad e incluso después se fue expandiendo por todo el país. Al principio era más fácil hablar con los compañeros acerca de qué nos proponemos, pero cuando la cosa ya se agranda es más difícil porque se convierte en la posibilidad muy grande laboral para los músicos. En Buenos Aires llegamos a ser doscientos docentes, y en todo el país como dos mil o tres mil. Entonces una fórmula que desarrollamos era la de la capacitación de los docentes donde explicamos cuáles eran nuestros objetivos y pensamientos acerca de la enseñanza.

–¿Cómo fue la llegada a las personas de bajos recursos económicos?
-La pregunta que nos hacíamos era por qué no es posible, porque cuando nosotros empezamos el programa en la Ciudad, que entrevistamos a directores de escuela y centros comunitarios en Villa Lugano, la gente pedía que se abra algo vinculado a la cultura o a lo artístico porque había carencia de eso. Fue muy notable cómo al principio había mucha gente que participaba de las cuestiones educativas que no eran tan optimistas en relación a que los chicos se prendieran al programa. Y la verdad que desde el primer momento hubo una convocatoria muy nutrida que superaba nuestras expectativas. Todos los días venían cada vez más pibes y ni te cuento lo que significaba para esas familias que ni se imaginaban ver a un chiquito tener un instrumento en la mano. Al poco tiempo viéndolo tocar, cuando tuvieron conciertos en teatros. Todo eso hizo que uno saque conclusiones de que lo que importa es el acceso, dar las herramientas y las posibilidades. En definitiva, es una cuestión que tiene que ver con la política, la presencia del Estado y esas cosas que no se pueden solucionar si no se tiene eso en cuenta.
–¿Cómo fue llevar este proyecto al resto del país?
-En nuestro país hay varias provincias que tienen una tradición musical determinada que tiene que ver con que si había orquestas profesionales o no. Es un poco heterogénea la cuestión de cómo desarrollar este tipo de proyectos en las provincias. Dentro de éstas es muy distinto lo que pasa, por ejemplo, en la capital de Salta a lo que pasa en otras ciudades donde no existe este tipo de manifestación cultural como son las orquestas sinfónicas o los coros. Hablamos con todas las provincias y el Ministerio de Educación y, en general, la recepción fue muy buena porque desde el Estado se dan los instrumentos musicales y los honorarios. Desde ese punto de vista, hay un camino logrado. Después está la convocatoria de los chicos y tener los docentes adecuados. Es muy notable cómo después de muchos años, y a pesar de las idas y vueltas que han tenido las políticas nacionales, las orquestas siguen existiendo en la mayoría de las provincias. En Tucumán, Salta, Mendoza, Río Negro, Chubut y etcétera son proyectos que abarcan como cantidad importante de orquestas infantiles y juveniles en diferentes ciudades y que tienen un camino muy importante desarrollado.
–El año pasado se cumplieron 25 años de las orquestas. ¿Cuál es tu conclusión después de tantos años de trabajo y esfuerzo? ¿Cuáles sentís que son los resultados?
-Los resultados superaron la primera expectativa que era formar una orquesta en un barrio de la Ciudad de Buenos Aires. Por lo que describí, se logró mucho más que eso. Aquellas cosas que yo pensaba en una habitación chiquita de un quinto piso de un edificio en una ciudad inmensa como es Moscú, donde yo pensaba qué iba a poder hacer yo acá, la verdad que superó las expectativas de ese momento. La expectativa ahora es poder seguir consolidándose, hacer que cada día a los chicos se les enseñe mejor, a tocar los instrumentos, que esto les sirva para su vida, para su cotidianeidad, para ser personas sensibles donde lo artístico signifique en su vida algo diferente, y también para aquellos que abrazaron a la vocación musical y hoy quieren ser músicos profesionales, que tengan esa posibilidad de que, a partir de tener esa experiencia en la orquestas, lo puedan lograr. Yo estoy muy contento con lo que se logró hasta ahora y muy interesado en que se siga desarrollando.
